martes, 20 de mayo de 2014

El gran juego

Por Esteban Schoj
La disputa por el territorio del Atlántico Sur puede ser analizada desde diferentes perspectivas. En este caso, Carlos Pereyra Mele lo hace desde la disputa entre atlantistas y continentalistas por el dominio de la geopolítica mundial. Los países que conforman cada bloque, los posibles resultados y las consecuencias.
“Creo que la estrategia geopolítica que está desarrollando la Argentina en torno al reclamo soberano sobre las Malvinas es la correcta, que es la de encausar este conflicto, no como un problema bilateral sino como un problema continental en el marco de la lucha entre los atlantistas y los continentalistas”. Con esta frase, el licenciado en Ciencia Política y especialista en Geopolítica Suramericana, Carlos Pereyra Mele destacó uno de los ejes de análisis para entender por qué el Atlántico Sur es tan codiciado por las potencias.
En esta segunda entrega de Malvinas, siempre, la parte final de la entrevista que Prensa del Tercer Milenio le realizó a Pereyra Mele.
-¿Qué son y cuáles son tanto los países atlantistas como los continentalistas?
-Los atlantistas son los estados que tiene costas en el Océano Atlántico y además forman parte de la OTAN. En este grupo hay una triada conformada por Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, que son los que tiene una concepción atlantista, que es una concepción marítima que proviene de la tradición británica.
-Pero, ¿qué tiene que ver Japón con el atlantismo?
-Porque desde la Segunda Guerra Mundial, Japón integra la Trilateral Commission, creada por Henry Kissinger y Rockefeller. La Trilateral Commission es un gran complejo de las multinacionales del mundo occidental, aunque Japón está en el oriente. Entonces, todo ese grupo se enfrentó durante la Guerra Fría con el bloque soviético. Fue así cómo se crearon estas dos concepciones. La atlantista es una y consiste en rodear el continente asiático a través de bases y de empresas para impedir la expansión del comunismo en su oportunidad. Derrotado el comunismo, el atlantismo alcanzó su máximo poder, que fue durante la década del ’90. Ese fue el gran triunfo de los atlantistas sobre el mundo comunista-asiático. Cuando triunfa el atlantismo y con él el capitalismo más absoluto, aparecen las nuevas corrientes neoliberales y sus ideólogos, entre los que están Francis Fukuyama, un influyente politólogo estadounidense de origen japonés que escribió “El fin de la historia”, en donde dice que ya no había nada más nuevo que inventar, que el capitalismo se comería crudo todo y que no habría más problemas de nada. Sus realizaciones más importantes fueron el Consenso de Washington y la globalización financiera.
-Tanta razón no tenía Fukuyama…
-No. De hecho el atlantismo empezó a sufrir serios problemas porque comenzaron a surgir las nuevas potencias continentales como Rusia, que revirtió la decadencia y desintegración a la que la llevó el colapso de la Unión Soviética, y un nuevo jugador que hacía varios siglos que no jugaba de pleno: China. Rusia y China, junto con otros países del sudeste asiático y de Oriente Medio, como Irán, firmaron el Acuerdo de Shanghái para conformar un bloque mucho más sólido. Ese acuerdo en principio fue comercial y económico, pero hoy es el marco de un nuevo bloque que volvió a las viejas tradiciones del continentalismo.
-¿Cuáles son esas viejas tradiciones?
-Lo que plantearon alguna vez los ingleses: quien domina al corazón del mundo, que es Asia, domina el mundo. Entonces, ¿cómo hay que hacer para impedir que ese corazón del mundo sea peligroso para los intereses de los atlantistas? Hay que cercarlo económica, política y militarmente, y crearle divisiones internas. Volvemos a las viejas teorías refinanciadas en el Siglo XXI y con ideólogos de aquella época que siguen vivos y siguen opinando. Como Zbigniew Brzezinski, un politólogo estadounidense nacido en Polonia, considerado uno de los más prestigiosos analistas en política exterior americana del mundo y que fue Consejero de Seguridad Nacional del Presidente Jimmy Carter. Brzezinski, junto con Kissinger y Rockefeller, es creador de la Trilateral Commission y es el gran gestor de la derrota de la Unión Soviética. Hace unos días tras, Brzezinski volvió a hablar y dijo que en Ucrania se está jugando un juego de alto nivel en el cual si Ucrania cae a favor de Rusia, los atlantistas pierden terriblemente. Pero si Ucrania llega a quedar en manos del mundo occidental, el gran perdedor de este juego es Rusia. Siempre se intentó aislar a Rusia de China para que no creciera; siempre se intentó que no se conformara un bloque sólido entre esos países. El día que el bloque entre Rusia, China e India se consolide, fortifique y cree políticas propias llegaremos al adiós de la historia del mundo atlantista que siempre se basó en Gran Bretaña y Estados Unidos.
-En este marco, ¿qué pretende el atlantismo?
-Frenar la expansión euro-asiática. Para eso tiene que ponerle un freno a Rusia y poner una cuña entre Rusia y China, que tienen muy claro cuáles son los objetivos de los atlantistas. Existen manuales operacionales y financiamientos específicos para generar situaciones de crisis, instalar el caos y desestabilizar gobiernos. Teorías del complot. Por eso los modelos de defensa que están planteando rusos y chinos son tendientes a eliminar todos los elementos que les causan problemas en sus fronteras, que son bases militares de los Estados Unidos en los países del Cáucaso.
-¿Por qué los atlantistas quieren detener el avance de los continentalistas?
-Porque una vez logrado el objetivo de los continentalistas de despojar del dominio de la geopolítica mundial a las potencias de occidente, o sea a los atlantistas, van a ir por los recursos del Atlántico Sur. Ese es el gran juego: cuando un país que ejerce cierto dominio en algún sector, pierde poder, ese espacio es ocupado por otro, por el vencedor.
-¿Tienen chances los continentalistas de ganar esa disputa?
-Por lo que estamos viendo, la situación está muy complicada para los atlantistas, porque tienen dos problemas serios: uno es la gigantesca crisis económica que los ha desfavorecido –como es el caso de la Unión Europea– y otro es la pérdida de influencia que atraviesa Japón sobre el Pacífico debido a su recesión que ya lleva 10 años. Todas estas pérdidas de influencias y comerciales se van a trasladar a los Estados Unidos, por un lado, y a las potencias emergentes, por el otro. Entonces el conflicto va a continuar en diferentes focos de tensión.

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