miércoles, 14 de mayo de 2014

Ucrania, víctima del juego de la geopolítica




La OTAN, como brazo político-militar del eje atlantista, funciona desde las decisiones que se toman en Washington y luego suman el apoyo del resto de los socios europeos; en estos tiempos de fricciones en torno a la crisis de Ucrania, ha mostrado un papel muy pobre en cuanto a liderazgo, poniendo nuevamente en debate su propio eje conceptual.
Tengamos en cuenta un dato de contexto, la prensa occidental siempre tiene la costumbre de dar la mayor discreción posible a la OTAN, tanto en nombrar poco como mostrar poco, disminuir la visibilidad frente a una incidencia real que tenga la Alianza en los procesos políticos del sistema internacional.
En este sentido, en la gran cantidad de los análisis que se toman y se escriben en estas horas sobre el curso político de la crisis ucraniana y la implicancia de terceros actores, la Alianza Euroatlántica a veces es hasta omitida por muchos redactores. En el caso de América Latina, son muchos los artículos que pueden leerse y que describen sobre las noticias de Ucrania, pero muchos son los que no nombran a la OTAN.
Todo esto se traslada a una poca atención por parte de la opinión pública sobre el rol de la OTAN y las dimensiones del concreto protagonismo que esta Alianza tiene en moldear algunas situaciones.
Se ha generalizado bastante en la prensa la culpabilidad hacia Putin, también los reproches a la política exterior europea y han emergido críticas a Obama por su inacción o fallas en cómo frenar los aires expansionistas de Moscú. Pero hoy, las potencias mueven sus piezas en tratar de reposicionarse y obtener el mejor resultado dentro del juego geopolítico en el espacio post-soviético, de modo tal que en este ambiente de incertidumbres y transformaciones no debería perderse la mirada sobre cómo juega la OTAN

La costumbre de adaptarse

No es nuevo que la OTAN debata sobre su razón de ser, los líderes de la Alianza necesitan reajustar la estructura a las nuevas necesidades, teniendo en cuenta que los escenarios son cambiantes. Aunque muchas veces nos permitimos dudar si no se generan alternaciones en las circunstancias con el objetivo de “crear nuevas necesidades”, como tantas veces hemos visto injerencias y luego el tiempo acerca algunos datos reveladores, pero para ese entonces ya es tarde, los hechos ya han sido consumados.
Ciertamente en el contexto actual cabe preguntarse: ¿Cómo acomoda la OTAN su política, al tener que disputar poder con las formas que se practican en Moscú? Para muchas voces, a la OTAN le pesa una falta de liderazgo de Obama; pero lo cierto es que nos encontramos con Rusia por un lado, los socios occidentales por otro, ambas partes utilizan la debilidad de algunos países para ganar toda la influencia posible. Tal como en el caso de Ucrania y la península de Crimea, si pueden capitalizar beneficios anexando territorio, lo hacen.

La OTAN fue creada originalmente como un contrapeso al poderío de la Unión Soviética después de la Segunda Guerra Mundial. Las profundas raíces, aún díscolas, que permitieron prosperar a la Alianza también son hoy significado de desafíos para el liderazgo y la gestión, es decir, la OTAN ha sobrevivido en el tiempo.
Pero como plantea la reconocida consultora Stratfor, más que una organización, la OTAN está concebida como una estructura de conjunto, compuesta por piezas individuales, autónomas, y donde cada socio tiene diferentes procesos de pensamiento, competencias e imperativos. La OTAN ha sabido adaptarse para sobrevivir más allá de la Guerra Fría, pero su propia existencia sigue bajo amenaza. Hoy se ha convertido en una alianza tan abultada e inconsistente que cualquier país que trata de obtener garantías de la ayuda militar de los Estados Unidos, debe hacer algo más que mostrar su tarjeta de membresía en la OTAN.
Sin embargo, hay una consigna que gana mucho espacio cuando hablamos de “adaptación”: se vive una realidad que demanda a que la OTAN tenga el rol de ser garante de un mayor nivel de protección hacia la agresión inminente por parte de Rusia, llenando a su vez constantemente el vacío de poder. Aquí surge un nuevo punto de discusión sobre el diseño de cómo se implementa el poder de disuasión, esperando que este no sea simplemente argumento de mayor militarización. ¿Sería diferente la situación si se suman nuevos miembros a la OTAN? ¿Cómo son los efectos de “correr el mapa” y cuáles serían las reacciones desde Moscú? En definitiva, sí vale un planteo: ¿Cómo evaluará el tiempo la actuación de la OTAN en torno a la crisis de Ucrania? Demasiado se escribe mirando a Moscú, para demonizar o relavorizar la forma de ejecución del poder de Putin.

El pobre oficio de la diplomacia

Sobre la diplomacia en estos tiempos, un caso a considerar es el antecedente que se sucedió en torno al atolladero Siria. Donde aquí las grandes potencias con poder de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas no se han puesto de acuerdo y el costo de la falta de entendimiento es la tragedia que tiene que pagar el pueblo sirio con más de 150.000 muertes, con los riesgos que se vienen corriendo de la extensión de la violencia a la región y la expansión de la situación de inestabilidad. Aquí Rusia se ha opuesto a los planes de intervención a los que la OTAN estaba dispuesta.
Desde entonces, otras discrepancias entre Rusia y la OTAN han sido visibles; el Consejo de Seguridad como espacio de entendimiento de facto, es hoy una “cáscara vacía.”
La OTAN tiene un brazo político, de gran poder de disuasión y con mucha presencia para hacer valer el diálogo. Sus vínculos abiertos en la agenda de la alta política le permite poseer una gran capacidad para actuar en la diplomacia.
Asimismo, hemos visto que sobre la crisis de Ucrania, justamente, se ha evidenciado la debilidad de la diplomacia. La ONU no ha sido una voz de peso y Rusia por un lado y la OTAN por otro, movilizaron tropas llegando a levantar el nivel de tensión antes del referéndum de Crimea.
La reflexión que se plantea en Occidente es que Rusia nunca ha atacado a alguno de los miembros de la OTAN, por lo tanto, la pertenencia a la OTAN de Tiblisi y Kiev podría haber evitado la guerra tanto en Georgia como en Ucrania.
El experto Miguel Nunes Silva, que es miembro del European External Action Service (EEAS), reconoce que Rusia nunca atacó un país de la OTAN. Se considera que la conflictividad desatada entre Rusia con Georgia y Ucrania son motivo de discusión, porque si ambos Estados del espacio post-soviético hubiesen pertenecido a la OTAN, tal vez Moscú no habría actuado con la determinación que actúo para promover el independentismo de Osetia del Sur y Abjasia.
Y si se comparte esta visión, es una verdadera muestra que en el presente existe una falta de capacidad para dialogar y evitar situaciones de conflicto. Sin olvidarnos que en cada situación de conflicto hay víctimas y son ellos los más vulnerables del sistema, padeciendo las peores consecuencias. Es decir, las oportunidades para evitar la conflictividad existen y no están siendo aprovechadas en el presente, entonces cabe la crítica de pensar que hay conveniencia de la existencia de un escenario belicosos, de un juego suma-cero, porque siempre alguno termina en saldo “ganador”.

Crisis en Ucrania, causas repartidas

“Hay que tomar una visión más allá de la que simplemente sería culpar a Rusia por alterar el status quo en Europa del Este y promover la inestabilidad, cuando somos nosotros en Occidente los que apoyamos fervientemente revoluciones y en el caso de Georgia también la acción militar”, reconoce Miguel Nunes Silva.
En esta línea de identificar responsabilidades, se argumenta que Rusia reacciona porque la OTAN militariza el espacio post-soviético y que por su parte, OTAN actúa de tal forma porque Rusia busca expansión. No sería justo tratar esta situación de crisis e inestabilidad que atraviesa Ucrania sin tomar como punto de partida la Cumbre de Vilnus en Noviembre 2013 con el NO de Kiev a la Unión Europea y luego todo el efecto del “maidan” que significó el cambio de régimen y la caída de Victor Yanikovich del poder.
Rusia no tardó en reaccionar a esto, siguiendo con la búsqueda de sumar a Ucrania en la esfera de la Alianza Euroasiática.
Hasta ahora ninguna de las partes ha logrado una total coerción en lo económico y hoy Ucrania tiene un dificultoso camino para salir de la crisis y del gigantesco endeudamiento del que se habla.
Al margen de las culpas repartidas y proyectos geopolíticos contrapuestos, las partes no han tardado en implementar imposición militar sobre Ucrania.
La posición oficial de la OTAN es considerar que ha existido una intervención militar de Rusia en Crimea y sostener la ilegalidad del referéndum, en línea de apoyo a la postura del gobierno interino de Kiev.
La OTAN, como referente de la seguridad de Occidente, se enfrenta a los interrogantes que se abren en torno a Ucrania, es aquí donde más evidente se hace la rivalidad con Rusia. Podemos entrever que los elementos que contabilizan indicadores de disputas geopolíticas son mayores a los que pudimos observar en el 2008 por Georgia. Pero para esta oportunidad hablamos de contabilizar créditos políticos, avances en estrategias que persiguen diferentes intereses y que detrás está el sentimiento de pena y dolor que causa ver las noticias de la violencia, enfrentándose los ciudadanos entre sí en diferentes partes del territorio ucraniano. Por lo tanto, vale pensar y reflexionar en ¿cómo se vuelve del referéndum de Crimea y de la anexión de esta península por parte de Rusia?
Cuando se “aquieten las aguas” en Ucrania, habrá tiempo para medir y evaluar lo sucedido y en términos de poder, se verá cuáles han sido los verdaderos resultados. Por el momento, la principal víctima que tiene que padecer las peores consecuencias es Ucrania.

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