martes, 24 de junio de 2014

China y el gas de Asia

Por Gustavo Morales*
En 2012, el gobierno chino inició un plan quinquenal para el desarrollo de gas, marcando objetivos ambiciosos, como los niveles de producción, que esperaba incrementar anualmente en 6.500 millones de metros cúbicos más, desde 2015, hasta llegar a una producción total de 60 mil millones en 2020.  Los trabajos en la manufactura de gas se han encontrado con la difícil estructura geológica de las bolsas de gas de China, la carencia de acuíferos por culpa del “fracking” y una base tecnológica insuficiente aún.
El consumo de gas en China es creciente. El uso de gas natural se incrementó un 13.9%, hasta los 167.6 miles de millones de metros cúbicos, del año pasado a los calculados 186 mil millones de finales de 2014. En esas circunstancias, Pekín se ve obligado a usar todas las fuentes de gas posibles, dentro y fuera del país.
China regresa a Asia Central para satisfacer su avidez de energía. Según un informe de la petrolera British Petroleum, cerca de la mitad de las importaciones de gas de China proceden de esa región. Las perspectivas de una demanda progresiva china del gas de Asia Central son crecientes y reales. Las inversiones directas chinas en la región son de unos 250 mil millones de dólares. China construye gaseoductos, desarrolla una red de transporte y expande su presencia cultural y diplomática. De forma secundaria Pekín obtiene un beneficio nacional, la frontera china con Asia Central está en la provincia de Xinjiang, con un preocupante movimiento separatista que aprovecha la pobreza de la zona. Al desarrollarla con los nuevos lazos con Asia Central, Pekín reduce la pobreza que es el caldo de cultivo separatista.
China, usando a Asia Central como su plataforma de energía, entra en la zona de influencia de Rusia. Moscú considera Asía Central como su patio trasero y alarga allí su sombra. Pero Pekín ha resultado ser un inmejorable socio  comercial.  La ambivalencia china hacia los derechos humanos y su voluntad de construir infraestructuras en los países de Asia Central  han conquistado la voluntad de varios gobiernos del área, como antaño lo hizo en África a la búsqueda de materias primas.  A esto ayuda la interrupción de la inversión extranjera que se produce en los cinco países de la región. Ellos intentan llegar a un equilibrio con Rusia, China y Estados Unidos. Pero tras la salida de las tropas norteamericanas de Afganistán, Washington ha prestado una atención menguante a la región convirtiéndola en un juego entre Rusia y China.
Según cifras de BP, en 2013, China compró 24.4 miles de millones de metros cúbicos de gas natural a Turkmenistán, Uzbekistán suministro 2.9 miles de millones y  Kazajistán 100 millones de metros cúbicos de gas. Eso suma más del 45%  de las importaciones chinas de gas y supone unos ingresos anuales de 2.500 millones de dólares para esos tres países asiáticos.
Otros proyectos regionales también ven crecer la influencia china.  El pasado 15 de junio, China inauguró otro gaseoducto con Asia Central,  recorre Turkmenistán, Uzbekistán y Kazajistán hasta el occidente chino. Tiene una capacidad de 25 mil millones de metros cúbicos. Otro gaseoducto de similar capacidad se terminará este año. Las dos nuevas líneas permitirán que Turkmenistán incremente su producción, esto permitirá elevar la capacidad de transporte de las tuberías mencionadas a los 65 mil millones de metros cúbicos. También Rusia suministrará a China 38 mil millones de metros cúbicos por un total de 400 mil millones de dólares, ayudando a dar salida al gas que hasta ahora iba a la Unión Europea a través de Ucrania.
La seguridad de la energía juega un papel destacado en la política exterior china.  La mayor parte del gas que el país de los mandarines importa cruza los estados de Asia Central es transportado como gas natural licuado  por buques que deben atravesar puntos calientes como el Estrecho de Ormuz, en el Golfo Pérsico, y el Estrecho de Malaca, en el sudeste asiático.
Las compras chinas de recursos energéticos, dado que China es el mayor consumidor mundial de energía, favorecen el crecimiento económico en Kazajistán, Turkemenistán y Uzbekistán. Pekín necesita importar 120 mil millones de metros cúbicos de gas hacia el 2020 lo que  convierte a China en una referencia influyente sin rival en Eurasia.
Turkmenistán dispone de las cuartas reservas mundiales de gas natural. Es un signo de la estrategia china para conseguir energía de Asia Central. Turkmenistán recibió de China más de 10 mil millones de dólares para impulsar el desarrollo de los campos de gas de Galkynysh. Una vez que el gas empiece a aflorar la producción servirá para devolver a China esa cantidad. Esto marca un punto de inflexión para Turkemenistán, que antes de la asociación con China, estaba al borde de la bancarrota y que embarcaba el gas a través de viejas infraestructuras de la era soviética. El gaseoducto financiado por China también ha beneficiado a los países vecinos incrementando los lazos comerciales y ayudando a que China establezca alianzas estratégicas con los cinco países de Asia Central.
China, Rusia y el gas de la Unión Europea
China es la nación que tiene más comercio con Rusia. Los intercambios de bienes y servicios entre ambos países se espera que lleguen a los 200 mil millones de dólares en 2020.  A pesar de que Rusia tiene superávit comercial con sus principales socios: la Unión Europea, Turquía, Ucrania, Estados Unidos y Japón, con China Moscú tenía, el año 2013, un déficit comercial de diez mil millones de dólares. Las exportaciones de gas a China ayudarán a equilibrar la balanza comercial.  China espera pagar a Rusia 370 ó 390 dólares por mil metros cúbicos de gas, lo cual es significativamente más barato que lo que pagaban hasta hoy las empresas chinas.
La economía rusa también se beneficiará de este acuerdo.  Según un informe del Banco de América, del 27 de mayo de 2014, las inversiones del proyecto conjunto con China pueden incrementar el PIB ruso hasta el 2.1% en 2015.
Rusia también ha identificado las necesidades chinas de energía.  El primer productor mundial de gas es una buena opción para el mayor comprador mundial de gas, más aún cuando el flujo de gas ruso a Europa está amenazado por la crisis de Ucrania y el consumo interno se reduce.  China es una buena opción para Moscú. En ese sentido iba el acuerdo firmado por los dirigentes ruso y chino el pasado 21 de mayo.
Rusia está saturada de gas natural.  El lento crecimiento industrial, especialmente en las industrias rusas que requieren energía intensiva, hace que el consumo anual no crezca. En 2011, la demanda fue de 496.3 miles de millones de metros cúbicos, mientras en 2013 ha caído a 456.3 miles de millones. Esto provoca que queden sin consumir entre 20 y 30 mil millones de metros cúbicos al año. 
El año pasado, las exportaciones de la empresa rusa Gazprom a la Unión Europea crecieron inesperadamente hasta los 162.7 miles de millones de metros cúbicos. El conflicto de Ucrania, la falta de pago, la subida del precio y todos los factores que confluyen en la zona en tensión ha provocado una importante reducción del suministro a la UE, que se suma a los superávits del consumo nacional.  El acuerdo con China ha sido providencial y por eso los rusos no han ejercido mayores presiones sobre Pekín que se extiende por Asia Central, donde Rusia todavía mantiene una fuerte presencia. Tiene bases militares en Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán, donde juega un papel clave en la seguridad regional por medio de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva. Es el primer socio comercial de Asia Central, seguido ahora por China.
Aunque Rusia ha construido alianzas militares y una estructura formal de organizaciones para vertebrar su relación con Asia Central, la influencia china es creciente. Las materias primas de África y el gas de Asia suponen asegurar la capacidad de producción de China que, una vez más, vence sin guerras, ahora en Asia Central.
*Periodista y analista internacional

Publicado enElespiadigital.com

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