miércoles, 13 de agosto de 2014

La trampa de la Unión Transatlántica

¡No al TTIP!





















El 12 de febrero de 2013, en su anual discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente Barack Obama unilateralmente anunció el inicio de negociaciones sobre una Asociación Global Transatlántica de Comercio e Inversión con la Unión Europea.

La primicia fue confirmada horas después, a través de una declaración conjunta del presidente de Estados Unidos y de los presidentes del Consejo Europeo (Herman Van Rompuy) y de la Comisión Europea (José Manuel Barroso) respectivamente.

Al margen de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el proyecto de crear una Zona Transatlántica de Libre Comercio oficialmente nació en 1992, siguiendo un evidente proceso expansivo, Washington lo quería ampliar hasta la Unión Europea.

En dicha época Estados Unidos demandó postergar la absorción hasta que se estabilizara la Organización Mundial del Comercio, temiendo que en vez de fortalecerse mutuamente, los dos proyectos pudieran interferirse recíprocamente.

Tal creación es sólo una faceta de un proyecto mucho más amplio, que incluye la instauración de un verdadero gobierno supranacional con un Consejo Económico Transatlántico, un Consejo Político Transatlántico y una Asamblea Parlamentaria Transatlántica. Esos tres órganos ya se crearon embrionariamente sin que se les diese la más mínima publicidad.

El diseño de dichos órganos, rememora un proyecto muy antiguo de creación de un gran bloque capitalista que reuniría a todos los Estados con influencia anglo-estadounidense, sus vestigios están presentes en las cláusulas secretas del Plan Marshall y sobre todo, en el Artículo 2 del Tratado del Atlántico Norte.

Por ello, indistintamente se habla de Unión Transatlántica o de OTAN económica. Por cierto, resulta revelador, el hecho que el organismo estadounidense que da seguimiento a ese proyecto no es el Departamento de Comercio sino el Consejo de Seguridad Nacional.

Es factible imaginar lo que será el funcionamiento de la Unión Transatlántica, observando de qué manera se han resuelto los conflictos sobre el acceso a los datos personales. Los europeos tienen rígidas normas de protección de la privacidad, mientras que en ese terreno los estadounidenses pueden hacer cualquier cosa so pretexto de su lucha contra el terrorismo.

Tras varios intercambios sobre el tema, los europeos acabaron doblegándose ante los estadounidenses quienes impusieron su propio modelo, el cual además funciona en un sólo sentido, los estadounidenses copiaron los datos de los europeos mientras que estos no han tenido acceso a la información estadounidense.

En el ámbito económico tratarán de derogar los derechos aduaneros y las barreras no tarifarias, es decir, liquidar las normas locales europeas que impiden ciertas importaciones. Washington pretende vender tranquilamente en Europa sus OGM, sus aves tratadas con cloro y la carne vacuna alimentada con hormonas. Además quiere utilizar sin impedimento algunos datos personales de los usuarios de Facebook, Google, etc. Recientemente, Google afirmó que la policía federal estadounidense (FBI), vigila la web para detectar una actividad potencial terrorista.

En 2009-2010, Barack Obama creó un Comité de consejeros económicos presidido por la historiadora Christina Romer, especialista de la Gran Depresión de 1929, quien desarrolló la idea de que la única solución factible a la actual crisis en Estados Unidos consiste en lograr que los capitales europeos se desplacen hacia Wall Street.

Por tal razón, Washington hizo cerrar la mayoría de los paraísos fiscales no vinculados a los anglosajones, influyendo posteriormente sobre la cotización del euro. A esa estrategia a largo plazo se suma una táctica a mediano plazo.

Los capitalistas en busca de estabilidad, han encontrado dificultades a la hora de transferir su dinero hacia Estados Unidos, lo cual debe hacerse más fácil con la OTAN económica. Estados Unidos podría salvar así su propia economía captando los capitales europeos o sea menoscabando la economía europea.

Más allá del carácter desigual de ese proyecto y de la trampa que representa en lo inmediato, lo más importante es que los intereses de Estados Unidos y de la Unión Europea son en realidad, divergentes.

Estados Unidos y Gran Bretaña, son potencias marítimas y el comercio transatlántico representa para ellas un interés histórico. Ese fue el objetivo expresado en la Carta del Atlántico.

A contrario sensu, los europeos tienen intereses continentales comunes con Rusia; sobre todo en el plano energético. Bruselas atenta contra dichos intereses, manteniéndose sumisos al dictado de Washington, como si estuviese en tiempos de la guerra fría.

* Diplomático, jurista, y politólogo

Publicado en: El Nuevo Diario (10/03/2013)

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