jueves, 18 de septiembre de 2014

Strelkov: “No permitiremos que Rusia sea partida por la mitad y arruinada”




Traducción de Nahia Sanzo.

Ha pasado un mes desde que me viera obligado a dimitir de mi puesto de Ministro de Defensa y Comandante en Jefe de la Milicia de la República Popular de Donetsk (RPD). No puedo decir que haya sido una decisión fácil para mí. Tampoco se puede decir que las circunstancias en las que la tomé fueran simples: la ciudad de Donetsk y la agrupación de fuerzas armadas de la RPD estaban en un cerco operativo, rechazando con gran dificultad los ataques sin fin de las fuerzas punitivas que llegaban de todas las direcciones posibles.

Solo unos pocos dentro del liderazgo de la República conocían que iban a ocurrir cambios significativos en los días sucesivos y que el enemigo iba a sufrir una derrota decisiva. Yo era uno de esos pocos, pero no podía ni dar a entender a mis subordinados que en poco tiempo lanzaríamos una ofensiva y comenzaríamos a recuperar posiciones ocupadas por el enemigo. Fue incluso más difícil pensar que sería otra persona la que dirigiera la liberación de pueblos y ciudades abandonadas (retiradas que yo mismo ordené). Moralmente, fue difícil abandonar a mis camaradas, dejarles, por así decirlo, en las primeras horas del día en que la muerte de nuestra causa común era, para muchos, inevitable.

No quiero centrarme en las circunstancias que me obligaron a dimitir. Solo quiero decir que la decisión que tomé entonces estaba justificada y, en vísperas de la ofensiva, mi dimisión permitió unir en manos de una sola persona al liderazgo de las fuerzas armadas de la RPD y evitar así conflictos que se estaban comiendo viva a la República y asegurar un suministro fiable para nuestras unidades y destacamentos.

Sobre el precipicio de la victoria y estar a punto de la derrota


La situación ha cambiado considerablemente en el frente. Las fuerzas punitivas habían sido rechazadas en prácticamente todas las zonas después de sufrir enormes pérdidas, por lo que habían pasado a posiciones defensivas. Se habían formado ya los requisitos necesarios para la liberación completa de Donbass de los ejércitos punitivos y las autoridades de Kiev. El enemigo había empezado a retirarse hacia el oeste bajo el fuego de la RPD y sus líderes comenzaban a mostrar el pánico.

¿Y qué pasó entonces? Las fuerzas que casi destruyen una vez la Primavera Rusa, y nunca han dejado de intentar destruir el movimiento de liberación nacional de la población rusa de Novorossiya, intervinieron de nuevo delante de nuestros ojos. No hay más villano que estas fuerzas que se han manifestado repetidas veces en la historia moderna de nuestra tierra en las formas más siniestras. Fueron estas fuerzas, dirigidas desde el extranjero, las que tuvieron un papel decisivo en la destrucción de la Unión Soviética en 1991 y que abusaron abiertamente del pueblo ruso durante toda la década organizando una orgía de pillaje de la enorme herencia económica y cultural soviética. Dirigieron los experimentos liberales, monstruosos en sus consecuencias, en lo que quedaba de nuestra Patria; sin importarles en absoluto las consecuencias que estos tuvieran para nuestro país, al que se referían, y siguen haciéndolo hoy en día, de forma despectiva.


Rusia vuelve a levantarse


Esta bacanal de colapso vino acompañada por sangrientas guerras que ellos mismos provocaron por esa salvaje orgía de crimen, inmoralidad, propaganda y los vicios más viles que puedan imaginarse y por la destrucción de la independencia económica y la soberanía nacional. Incluso tras el fracaso al dar la última estocada a Rusia en los primeros años del siglo, estas fuerzas no han desistido y han continuado con su trabajo destructivo en secreto, con la esperanza de que llegaría su hora y poder entonces acabar lo que habían comenzado.


Pero entonces llegaron los primeros brotes de la Primavera Rusa y la madre Patria comenzó, no con palabras sino con hechos, a levantar de sus cenizas. Pero en cuanto Rusia trató de reconstruir lo que Gorbachov había destruido con su capitulación y comenzó a tratar de recuperar los derechos y territorios que le pertenecían desde la antigüedad para así recuperar una independencia real, la Quinta Columna volvió a movilizar todas sus fuerzas. El regreso de Crimea a Rusia les sorprendió y la rebelión de Novorossiya causó pánico entre sus filas, que volvieron a manifestar, una vez más, quiénes son en realidad.


Esa tela de araña de numerosos agentes que durante años han conseguido disfrazarse de patriotas y estadistas, infiltrándose así en las altas esferas, tan altas como el entorno de la Presidencia de Rusia, volvió a lanzarse a la batalla. Actuando, en la práctica, contra los intereses del país y de su pueblo, estos traidores continúan calificándose de amigos del presidente y defienden sus actos subversivos y de sabotaje como medidas para reforzar la soberanía rusa. ¿De dónde sacan esa arrogancia y esa confianza en su infalibilidad? Es tremendamente simple: todo lo que esta Quinta Columna valora, dinero y otros recursos materiales, así como sus familias y descendientes, se ha exportado al extranjero hace tiempo y su conservación depende de sus dueños extranjeros.


La milicia como garantía de la libertad de Novorossiya


En estos cinco meses de lucha, la población rusa de Novorossiya ha sentido en sus carnes el impacto completo de los frutos de esas actividades subversivas. Cuando la ayuda militar rusa era vital para los milicianos, prácticamente desarmados entonces, y cuando esta ayuda hubiera llevado a la liberación, casi sin derramamiento de sangre, de todas las regiones de habla rusa, estos agentes de influencia gritaron al unísono lo imposible de esta ayuda directa a la rebelión. Mientras las fuerzas punitivas quemaban viva a la gente de Odessa, bombardeaban Slavyansk con artillería mientras armaban rápidamente a su ejército, sus cómplices, los que se habían infiltrado en el liderazgo de la política exterior rusa, no solo sabotearon cualquier tipo de asistencia política o militar a la milicia, sino que, en concordancia con los Poroshenko, Turchinov, Akhmetov, Taruta y otros representantes de la oligarquía ucraniana, lucharon para dividir a la milicia y prevenir así la creación de un comando único mientras luchaban para atraer al Presidente de Rusia hacia la trampa que habían creado.

La persistencia y la lucha desinteresada de los milicianos hicieron imposible para las fuerzas punitivas aplastar la rebelión antes de que pudiera llegar la ayuda rusa. La milicia comenzó su ofensiva. Pero aquí también hay traidores que se han manifestado de forma completa. Inmediatamente ofrecieron su ayuda a las fuerzas punitivas, cuando el ejército estaba al borde del precipicio, aproximándose a una derrota completa, organizando este alto el fuego y tratando, en el curso de las negociaciones, de forzar la rendición de todo lo conseguido por la rebelión, colocándonos así a merced de la Junta de Kiev. Simplemente es imposible encontrar clausulas más vergonzosas que las discutidas en Minsk.

Y mientras tanto, Kiev se rearma, se reagrupa y entrena a su ejército, preparándose para continuar con el genocidio de la población rusa de Novorossiya. El resultado de todo esto es que volvemos a estar en la situación que nos encontrábamos al principio, salvo que ahora estamos en una posición más comprometida que entonces. Si en abril Kiev carecía de un ejército con capacidad de combate y con apoyo popular, ahora las fuerzas punitivas se han movilizado y armado hasta los dientes y la propaganda ucraniana, sujeta a los principios de la programación neurolingüística, ha logrado lavar el cerebro de un pueblo que ya no distingue la verdad de la mentira.

Entre guerra y vergüenza elige la vergüenza y vendrá la guerra


En estos meses se han impuesto varias rondas de sanciones contra Rusia y altos cargos militares y diplomáticos de Occidente han vuelto a sacar el tema ya medio olvidado de Abjasia y Osetia del Sur. Se oyen también amenazas de militantes islamistas controlados por Estados Unidos. Se preparan para una lucha larga y dura contra Rusia. Occidente, y su Quinta Columna, no esconden que buscan derrocar al Presidente Putin para después proceder a desmantelar el país. Sus agentes de influencia usan todos los medios a su alcance para convencer a los líderes del país de que la reconciliación no solo es posible sino que es necesaria. Se está manteniendo oculto al público, y posiblemente también al Presidente, el hecho de que lo único que satisfará a los enemigos es la completa capitulación de Rusia.

Y el resultado es que todas las condiciones excepcionalmente favorables para Rusia de esta primavera han quedado sin realizar y ahora, además, estamos sometidos a una creciente amenaza militar. La culpabilidad de la Quinta Columna es innegable.

¿Por qué habrían de actuar nuestros liberales de una forma tan implacable, incluso suicida, contra el camino político del Presidente? ¿Por qué se ha cuestionado tan abiertamente al Presidente y a sus políticas? En mi opinión hay dos factores. En primer lugar, la Quinta Columna no tiene otra vía que el motín (por el momento oculto). La “Revolución desde arriba” que empezó el Presidente Putin les ha dejado sin posibilidades de supervivencia política, mientras que sus dueños occidentales tampoco les permiten dejar el país para volver a sus posesiones en el extranjero, logradas con su arduo trabajo.

El segundo factor es todavía más evidente: con una presencia fuerte en las altas esferas del país y considerables recursos económicos, los traidores pretenden tomar el poder para sí mismos y empezar una nueva etapa de saqueo de los restos de lo que una vez fue un gran país y de su gente. Pero estos planes requieren muchas más medidas previas. En primer lugar, necesitan privar al Presidente Putin de su inmenso apoyo popular, ese que ha conseguido a base de sus políticas internas y su política exterior en los últimos años. ¿Y qué puede ser más útil para esto que traicionar al pueblo ruso de Novorossiya y después culpar al mismo Presidente de esta traición? La Quinta Columna se esconde en la sombra, como las hienas, evitando cualquier publicidad.

El camino previsto por nuestros enemigos nos ha quedado claro. Su misión es la de prolongar al máximo una guerra acompañada por el máximo número posible de bajas rusas a ambos lados de la frontera. Sin dar a la milicia posibilidad alguna de éxito, esperan crear una úlcera incluso más sangrienta en la que Rusia desangre gota a gota sus recursos y con políticas de “un paso adelante, dos atrás” jamás consiga resultado alguno. La Federación Rusa seguirá sufriendo la carga de cientos de miles de refugiados, que se convertirán en millones, mientras que Occidente sigue minando la salud financiera y económica del país, en parte también porque los oligarcas tratarán de hacer que sea la población la que sufra los efectos de las sanciones.

Los traidores tienen la esperanza de que la situación concluya en un tratado de paz lo suficientemente vergonzoso y humillante que acompañe a la traición a la población rusa de Ucrania, para causar así una mayor ola de indignación en Rusia. Y entonces, acorde con la tecnología política perfeccionada a principios del siglo XX, izquierda y derecha, liberales y patriotas, se unirán en su justificada indignación para crear un Maidan en Moscú. El mismo escenario de 1905 y 1917 que sigue a una derrota humillante, “crisis económica-descrédito de las autoridades-revueltas populares-golpe de palacio”, volverá a entrar en acción.

No puede haber compromisos en esta lucha


La defensa de Novorossiya y el apoyo a su población es importante para acabar con los planes de la Quinta Columna y para la supervivencia de Rusia. Si somos capaces de asegurar esta victoria, Rusia sobrevivirá. Si perdemos, perderemos también los restos de nuestra Patria. No puede haber compromisos en esta lucha y quien trata de convencerse de lo contrario está, conscientemente o no, ayudando al enemigo. Es un todo o nada: o Rusia recupera toda su soberanía o será destruida por una coalición de clanes oligárquicos internos y externos.

Me gustaría decir que he encontrado mi sitio en la lucha contra los planes de las fuerzas subversivas. Este es el epicentro de la lucha rusa en este momento. Creo que es en Rusia donde más puedo ayudar. También quiero insistir otra vez que aquellos que esperan, o siguen esperando, utilizar mi nombre con intenciones destructivas acabarán decepcionados. Por muy crítico que pueda ser con las políticas internas del Presidente, considero que es de vital importancia apoyarle, como único comandante en jefe legítimo y principal garante de la libertad e independencia del país, en un momento en que se libra una guerra contra nosotros. En mi opinión, para proteger a Novorossiya del genocidio nazi al que se está viendo sometida, tenemos que apartar a esos “bien avenidos” que nos han llevado al borde de la derrota militar.

Y a esos que ya han empezado a esculpir en la prensa la imagen del “Coronel Strelkov”, líder de la protesta popular, les digo que no tienen opción de comprarme con alabanzas y falsas promesas. La esencia de un oficial es servir a su país y a su pueblo. Sería el más alto deshonor para mí cambiar este fiel, aunque en ocasiones desagradecido, servicio por la falsa gloria y popularidad de los enemigos de la Patria. Que entiendan, de una vez por todas, que en Rusia sigue habiendo quienes ponen el deber y la integridad por encima de su propio beneficio y vanidad. Yo solo soy uno de ellos. Y tal y como han demostrado los acontecimientos en Novorossiya, hay mucha gente que sigue siendo así. No vamos a permitir que Rusia quede partida por la mitad y arruinada una y otra vez de la misma forma que se destruyó el Imperio Ruso en 1917 y la Unión Soviética en 1991.

Publicado en: Slavyangrad.es (12/09/2014)
+ info: El Espía Digital

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