jueves, 30 de octubre de 2014

La lista negra de pro-rusos en Francia

Christophe de Margerie, el recientemente fallecido presidente de TOTAL, y Vladímir Putin



























En la misma semana, dos de las principales publicaciones francesas han coincidido en abordar y denunciar los apoyos con que Rusia y su presidente, Vladímir Putin, cuentan en Francia. Presentados como «revelaciones» o «investigación», L’Obs (nuevo nombre del semanario Le Nouvel Observateur) y el diario Libération han escrito sobre la influencia de la supuesta red de pro-rusos en la sociedad francesa y los apoyos que estos recibirían desde Moscú.
























«Millonarios rojos » contra una derecha «pro-rusa»

El semanario de la izquierda socialdemócrata, propiedad de los «millonarios rojos» Matthieu Pigasse (Banco Lazard), Xavier Niel (dueño de la compañía telefónica Free) y Pierre Bergé, dedica cinco páginas a desvelar las supuestas conexiones rusas de la familia Le Pen: el creador del Frente Nacional, Jean-Marie; su hija y actual jefa del partido, Marine; y la benjamina de la Asamblea Nacional, la nieta del patriarca, Marion.

Los tres, según la revista, tendrían importantes contactos en todos los estamentos de la élite rusa, y su partido, el FN, es descrito como «la cabeza de puente del régimen de Putin en Francia».

Para nadie es secreto ni novedad que Marine Le Pen, favorita en los sondeos para las próximas presidenciales en Francia, mantiene excelentes relaciones con Moscú.
























Pero hay quien solo ahora, tras el conflicto en  Ucrania, las sanciones de la Unión Europea a Moscú y la suspensión provisional de la entrega de los portahelicóperos Mistral a la armada rusa, parece empezar a darse cuenta de que tampoco a Marine Le Pen le gusta la política de Estados Unidos y de  la OTAN, así como lo que ella considera «el diktat» de Bruselas.

El artículo intenta explicar el acercamiento del Frente Nacional a Moscú por una supuesta financiación secreta del partido, proveniente de Rusia. Pero no se ofrece ninguna prueba. Marine Le Pen reconoce al semanario que ha pedido créditos a bancos rusos, como a españoles o norteamericanos, ya que «ningún banco francés ha aceptado concedernos un préstamo». Según ella, todavía esperan la respuesta de las entidades extranjeras.

«No somos agentes de Moscú»

En un recuadro dentro del artículo, L’Obs señala a «Les hommes de l’ombre», término propio de la guerra fría y de las novelas de espionaje. Entre los nombres « desvelados » por L’Obs está el del politólogo y diputado europeo Aymeric de Choprade, consejero internacional del Frente Nacional. Chauprade fue profesor en la Escuela Militar de Francia, hasta que fue expusado en 2009 por el entonces titular del Ministerio de Defensa, el centrista Hervé Morin. Desde entonces, además de sus cargos políticos, trabaja como docente en la Universidad de Lausana (Suiza). Para L’Obs, Chauprade es «el arquitecto del acercamiento entre el FN y Rusia, país que representa, según él, «la esperanza del mundo».

Las insinuaciones del semanario habrían obligado a la pequeña de los Le Pen a aclarar que «no somos agentes de Moscú».  Puede parecer sorprendente que una ciudadana de un país libre tenga que justificarse de esa forma para defender sus lazos con Rusia, pero para ciertos  medios de comunicación franceses, portavoces de la élite dominante, disentir del mensaje oficial anti-Putin, anti-ruso y pro-ucraniano es sinónimo de trabajar para el Kremlin, recibiendo una recompensa económica o no.

Caza de brujas a través de la prensa

Libération, el diario surgido del Mayo 68, escuela periodística de trotskistas o maoístas reconvertidos en socialdemócratas y bobós (burgueses-bohemios) amplia esta peculiar caza de brujas de la prensa contra «las redes de Putin en Francia». (Libération pertenece a otro «oligarca» francés, Patrcik Drahi). En su edición del fin de semana del 25 y 26 de octubre, Libération dedica su editorial y siete páginas a un dossier que «pone al descubierto» a los principales protagonistas de las «siete familias en la manga del Kremlin».

En el editorial, «Libé», después de denunciar que Rusia «apoya la rebelión en el Este de Ucrania», subraya que «en Francia son numerosos los que encuentran circunstancias atenuantes a Moscú, consciente o inconscientemente subyugados por el aura de potencia que desprende Vladimir Putin». Los periodistas de Libération, liberados conscientemente de ese «aura de potencia que desprende Putin», dividen a los pro-rusos de Francia en siete familias: la extrema derecha, una cierta izquerda de la izquierda anti-OTAN, la derecha nostálgica de De Gaulle, los grandes empresarios públicos o privados «que velan por sus intereses», los universitarios «complacientes», «el batallón de ingenuos», y « los trolls al servicio de propaganda del Kremlin».

En esa lista negra destacan políticos como  el fundador del Frente de Izquierda y disidente socialista, Jean-Luc Mélenchon, o Jean-Pierre Chevènement, líder del pequeño partido Movimiento republicano y ciudadano y curiosamente nombrado por el Presidente François Hollande como «representante especial para Rusia».

Dentro de la Asamblea Nacional y el Senado, Moscú tendría también sus «infiltrados», pues varios representantes políticos de partidos diferentes son miembros del  Comité de Amistad franco-ruso.

La nómina de empresarios pro-Putin estaba encabezada por el Presidente de la petrolera Total, Chrstophe de Margerie, muerto en accidente en el aeropuerto moscovita de Vnúkovo.

De Margerie era el principal valedor de Rusia en Francia y la Unión Europea. Opuesto firmemente a las sanciones contra Moscú, su desaparición hace temer en Francia la merma en los jugosos negocios que la empresa francesa compartía con Rusia.  En la lista de empresarios simpatizantes con Moscú, Libération incluye al propietario del diario conservador, Le Figaro, Serge Dassault, constructor también de los aviones de combate Rafale.

Claro está, encabeza el grupo de los ingenuuos Gerard Depardieu, el actor vilipendiado por sus problemas con el fisco francés, en lo que se asemeja más a una venganza por no prestarse al juego de la prensa.

En el index de los inquisidores

Las acusaciones de cercanía con el Kremlin resultan más peligrosas para los politólogos e intelectuales, que enviados al index por los inquisidores de la prensa bienpensante pueden ver sus trabajos silenciados o ignorados en su propio país. Entre los «universitarios complacientes» son nombrados dos columnistas de Ria Novosti: el economista Jacques Sapir y el investigador del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS), Philippe Migault. La Presidenta de Honor de la Academia Francesa, Hélène Carrère d’Encausse, es desde hace años «sospechosa» de connivencias pro-rusas. D’Encausse, es una reconocida especialista en la Unión Soviética y Rusia. Unas declaraciones consideradas políticamente incorrectas, expresadas hace años en la prensa rusa le valieron el ostracismo de los medios  de la progresía francesa.

Entre los cabecillas de las «redes de influencia» Libération resalta a Dimitri de Kochko, ex-periodista de la agencia estatal France-Presse, a cuyo curriculum el rotativo añade el título de  «bisnieto de un antiguo jefe de la policía criminal de Moscú». Libération denuncia también otros vectores de propaganda rusa en lengua francesa, como La Voix de la Russie o el suplemento « Russia beyond the Headlines » (publicado junto a algunos de los principales diarios europeos), insertado en Le Figaro bajo el nombre de  «La Rusia de hoy». En su labor de denuncia, Libération previene ya, alarmado, sobre la futura aparición de la versión en francés del canal de televisión «Russia Today».

Nadie discute a Libération o L’Obs el derecho de escribir sobre los asuntos que les parezcan interesantes y editorializar según sus criterios ideológicos. Disentir de la opinión de estos medios sobre el conflcito en Ucrania  o asuntos referidos a Rusia debería ser también objeto de respeto, sin temor a ser tratado de vendido, tonto útil o topo de Moscú.

En todo caso, hay que agradecer a Libération y L’Obs, por abrir  las perspectivas de sus lectores. Muchos  van a descubrir que pueden obtener una opinión diferente a la vertida por esos medios, a través de las  personas «denunciadas», que seguramente no serán invitadas a los debates entre amiguetes que emiten las televisiones, pero quizá hayan ganado nuevos lectores, ávidos de disidencia dentro de la unanimidad, a lo estalinista, de la prensa francesa.

*Luis Rivas, periodista. Ex corresponsal de TVE en Moscú y Budapest. Dirigió los servicios informativos del canal de TV europeo EuroNews. Vive en Francia desde hace más de 20 años.

Publicado en: RIA Novosti (29/10/2014)


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