lunes, 6 de abril de 2015

Una nueva guerra fría se cierne sobre el Ártico

La militarización y los planes de industrialización de Rusia preocupan a los demás países ribereños y agrietan el consenso diplomático sobre esta región estratégica

La cooperación y la rivalidad han coexistido en proporciones variables en el Círculo Polar Ártico, la región que puede convertirse en la mayor fuente de petróleo y gas del planeta y en la que Rusia tiene el grueso de sus reservas de hidrocarburos (explotables y potenciales), además de 20.000 kilómetros de frontera marítima.

En 2007, el político Artur Chilingárov colocó en el lecho marino del Polo Norte una bandera rusa fabricada con titanio. Moscú ratificaba así sus reivindicaciones sobre una zona submarina reclamada en 2001, a partir de la Convención Internacional de Derecho del Mar de la ONU (1982). Tras la anexión de Crimea, que supone una violación de tratados internacionales firmados por Rusia, el gesto teatral de Chilingárov ha adquirido un nuevo significado y la desconfianza está ganando terreno a la cooperación de la que ha sido modelo el Consejo del Ártico, la organización que integra a los ocho Estados ribereños (Rusia, Canadá, Dinamarca, Noruega, Suecia, Islandia, Finlandia y EE UU), cinco de ellos miembros de la OTAN.

Desde 2008, las compañías Rosneft y Gazprom, controladas por el Estado ruso, tienen el monopolio de la explotación de hidrocarburos en el Ártico y son socios obligados para todo proyecto en la zona. El 9 de agosto de 2014, Igor Sechin, jefe de la petrolera rusa Rosneft, y Glenn Waller, director de la norteamericana ExxonMobil en Rusia, eran optimistas sobre los planes comunes que forjaron en 2011. Aquel día, en el mar de Kara, Sechin y Waller inauguraban la perforación petrolera submarina más septentrional de Rusia. Desde Sochi, en el mar Negro, el presidente Vladímir Putin dio la señal de inicio y elogió la cooperación internacional como motor del “éxito comercial”. Se trataba del “acontecimiento más importante del año para la industria del petróleo y el gas”, en palabras de Sechin, y el pozo recién perforado se bautizó con el nombre de Pobeda (victoria) por ser una “victoria común” de Rusia con un grupo de “amigos y socios” internacionales. Pobeda dio su primer crudo, pero a fines de septiembre, debido a las sanciones norteamericanas, ExxonMobil tuvo que sellar el pozo y abandonar sus proyectos en Rusia.
Rosneft se propuso seguir sola, pero las sanciones occidentales obstaculizan los proyectos rusos en el Ártico, al restringir la venta de tecnología para la perforación submarina y limitar el acceso al capital. Los políticos y analistas rusos están divididos entre quienes creen que hay que forzar la explotación del Ártico para cuando los precios del petróleo suban, y los que recomiendan concentrarse en Siberia Occidental, donde existe ya infraestructura de explotación y transporte.

La explotación del Ártico es la locomotora de las regiones septentrionales, que estimula el desarrollo de la producción innovadora y la infraestructura de transporte, incluido el Corredor Marítimo del Norte y no debe interrumpirse, escribía el diario Rossískaia Gazeta. Para el Kremlin, el Ártico es una zona de interés estratégico que por primera vez ha sido incorporada de forma explícita a la nueva concepción de la doctrina militar de Rusia, firmada por Putin el pasado diciembre. Con matices, Moscú ha retomado la política de la URSS en el Ártico, tras la decadencia de los noventa, lo que se traduce en una militarización, adaptada a la nueva época, y una industrialización, en gran parte por definir.

Pueblos abandonados por sus habitantes, submarinos nucleares convertidos en peligrosos focos de radiación, equipo militar corroído por el óxido, muelles erosionados por el mar y pistas de aterrizaje inutilizables, son la herencia de los noventa que Putin quiere superar y también el escenario de algunas impresionantes muestras de la cinematografía rusa actual. “La región tiene gran importancia estratégica para los Estados poseedores de una flota de submarinos nucleares. Desde las posiciones submarinas en el noreste del mar de Barents se pueden alcanzar la mayoría de los blancos importantes en el mundo, porque por aquí pasa la trayectoria más corta para los misiles balísticos en cualquier hemisferio de la tierra”, señala una monografía del Instituto Ruso de Investigaciones Estratégicas.

Rusia ha creado un nuevo mando militar para mejorar la coordinación y alcance en el Ártico y proyecta una nueva agrupación de 6.000 soldados con dos brigadas de infantería motorizadas. Moscú restablece la cadena de bases que la URSS tenía en el Ártico, la zona geográfica más cercana a EE UU, pero también construye bases nuevas, una de ellas en el archipiélago de Novosibirsk (al norte de Siberia Oriental) y otra en la isla de Wrangel, una reserva natural protegida por la Unesco. La pista de aterrizaje del archipiélago de Nóvaia Zemliá ha sido renovada para poder recibir cazas de nueva generación, además de nuevos sistemas de defensa antiaéreos, y el Servicio Federal de Seguridad incrementa el número de guardafronteras.

En marzo, Rusia realizó unas maniobras militares para comprobar la capacidad de combate de la flota del Norte y movilizó a cerca de 40.000 soldados, 41 buques y 15 submarinos, según la agencia Ria-Novosti. El ministro de Defensa, Serguei Shoigú, dijo entonces que los “nuevos desafíos y amenazas militares requieren un incremento de las capacidades de las Fuerzas Armadas”. Esta semana, el Parlamento ruso ha debatido sobre la necesidad de promover legislación sistemática sobre la zona de intereses estratégicos en el Ártico. En él, Viacheslav Shtyrov, presidente del consejo de expertos del Ártico y la Antártica, dijo que existe “una gran posibilidad de que el Ártico ruso sea la primera línea de defensa en caso de un conflicto militar global, porque esa es la dirección más probable de un ataque con misiles nucleares del adversario”.

La geopolítica de la región

La geografía: El área delimitada por el Círculo polar Ártico —el paralelo de latitud 66º 33' 46— no tiene una extensión definida al no tratarse de un continente propiamente dicho. Forman parte de ella las extremas regiones septentrionales de Europa, Asia y América del Norte. La capa de hielo que cubre el océano Ártico alcanzó los 14,54 millones de kilómetros cuadrados, su máxima amplitud en 2015, el pasado 25 de febrero. Se trata de la menor extensión desde que se monitorea ese dato.

Reservas energéticas: El US Geological Survey calcula que el Ártico alberga un cuarto de las reservas de petróleo y gas mundiales aún sin descubrir.

Consejo Ártico: El organismo que coordina las políticas regionales fue fundado en 1996 por los ocho países árticos: Noruega, Suecia, Finlandia, Rusia, EE UU (Alaska), Canadá, Dinamarca (Groenlandia) e Islandia. De él forman parte también seis países miembros observadores —como China— y seis países observadores, que incluyen también a España.

Regulación: La Organización de las Naciones Unidas (ONU) creó un marco normativo en 1982 y estableció que los países ribereños tienen derechos económicos sobre 200 millas náuticas (370 kilómetros) a partir de sus costas.

Población: Los habitantes del Ártico ascienden a cerca de cuatro millones. Un 10% de ellos son indígenas que viven en la región desde hace milenios. Su economía se basa principalmente en antiguas técnicas de caza y pesca. A este grupo se han ido uniendo en tiempos más recientes migrantes procedentes de otras regiones.

Publicado en: El País (05/04/2015)

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