sábado, 20 de junio de 2015

Charla ofrecida por Pablo González sobre el conflicto en Ucrania y sus implicaciones geopolíticas




Pablo González, periodista freelance, y Juan Teixeira, fotógrafo documentalista, exponen en Vigo la cruda realidad que conocen de primera mano.

 El pasado 16 de junio el vigués Juan Teixeira presentó a Pablo González, a quien ha acompañado en varios de sus numerosos viajes a Ucrania, como reportero de guerra. Su exposición, con conocimientos de primera mano, y documentada gráficamente en muchas ocasiones con la colaboración de Juan, reflejó una crisis humanitaria en el este del país, silenciada en el oeste que no está en guerra, y que en su origen tiene una explicación económica.

Cuando la Unión Europea pretendía un acuerdo de asociación con el país fronterizo con Rusia, y ex-república soviética, independizado en 1991, Rusia dejó claro que de firmarse supondría el fin del acuerdo que tenía Ucrania con su aliado tradicional. Obviamente el interés era claro: fabricar en Ucrania, exportar a Europa y poner el sello de la Unión Europea para revender hasta... en Rusia, cuando hasta entonces el mercado natural de Ucrania, Rusia, gozaba de un mercado común que aportaba ventajas a ambas partes: los productos rusos se podían vender en Ucrania y viceversa sin apenas aranceles. Un tercer agente económico, la Unión Europea, supondría encarecer el tránsito y el precio final del producto, sin que eso reportara un beneficio claro ni a Ucrania ni a Rusia.



A raíz de eso vino la guerra, donde además se añadieron más intereses económicos: los de EEUU, empeñado en controlar las fronteras europeas al lado de Rusia. Lo que en principio fue una protesta, la de la plaza Maidan, con ciertas similitudes al 15-M en España, acabó siendo usado por los pro-occidentales a fin de derribar al entonces presidente Yanukóvich. Para ello, participaron además de los pocos que salían los primeros días a la plaza a reclamar más europeísmo, grupos de extrema derecha, llegándose a situaciones de guerra urbana, con francotiradores asesinado a más de un centenar de personas. Se trató, según calificaron tanto Pablo con Juan de un “golpe de estado” en toda regla.

El nuevo gobierno, pro-occidental constituido de forma temporal fue organizando elecciones con dudosa legitimidad -desde la prohibición a algunos partidos pro-rusos de presentarse hasta llegar a falsificar algunos resultados de colegios- y en base a ella pretendió ser el gobierno de toda Ucrania, pero ya el este había sufrido primero los intentos de la policía por frenar a los pro-rusos, con poco éxito, ya que la policía local no estaba por la labor de cargar contra sus vecinos, luego los del ejército ucraniano y finalmente, ante la evidencia de que incluso muchos soldados desertaban y se unían a los pro-rusos, y tras varias derrotas militares, el gobierno occidental de Kiev llegó a usar falsos acuerdos de paz Minsk 1 y Minks 2 para frenar la guerra cuando le convenía.

Actualmente, además del ejército regular, el mayor daño está siendo causado en el este del país por la Guardia Nacional, compuesta de batallones voluntarios, en los que se han integrado los radicales más a la derecha, incluso neonazis. No obstante, las zonas del este han corrido diferente suerte. Crimea fue “liberada” por Rusia, en un acto que los dos ponentes calificaron de agresión extranjera, pero que sin embargo contaba con la legitimidad que le otorgaba el referéndum por el que la gran mayoría de los habitantes de Crimea decidieron unirse a Rusia. Pero los intereses rusos no han ido, hasta ahora, mucho más allá de Crimea, como para enviar soldados rusos a proteger otros territorios. Sí hay un apoyo, el de la entrega de armamento, munición e incluso logística, pero no tan entregado como en el caso de Crimea, lo que ha prologando el conflicto. Por su parte, tras varios años de guerras, a veces de cierta intensidad, el estado de Ucrania ha visto como su economía se hundía, y no dispone en absoluto de la capacidad militar de controlar el país. No pudo hacerlo ni al principio, ni mucho menos ahora. Así que ha sido EEUU y varios países de la Unión Europea los principales aliados que les han dado desde dinero para sobrevivir -técnicamente estaría en quiebra si no fuera por los préstamos concedidos por el FMI y el Banco Mundial-, hasta armas y municiones. Recientemente EEUU ha desplegado tropas en países próximos a Ucrania, ante la evidencia de que el este puede seguir avanzando y llegar a independizarse por completo.

Aparte de los intereses que todos tienen, Rusia, EEUU y la Unión Europea, el interés de los ucranianos ha pasado a segundo plano. Ni el sentimiento independentista era tan fuerte antes de que fueran bombardeados en el este, ni los ucranianos del oeste veían a los de allí como enemigos. Ahora lo que perciben son “terroristas”. Ello es debido a que, paralelamente a las injerencias económicas y militares hay otra que se sale hasta de Ucrania: la mediática. Conocer la verdad es casi misión imposible. Los mass media venden lo que los países quieren que sus ciudadanos escuchen y sólo alguna prensa alternativa, como con la que han colaborado Pablo y Juan, da una imagen fiel: no hay ni buenos ni malos. Ni los pro-occidentales son todos unos neonazis -como vende la prensa rusa, ni los pro-rusos son todos unos terroristas como vende el resto de la prensa occidental, en manos anglosajonas, que son prácticamente las únicas que tienen la capacidad económica para enviar corresponsales de prensa a la zona.

Tanto Pablo como Juan han dado la voz de alarma sobre la situación de Ucrania, a la que le auguran una negra perspectiva, con un conflicto que tiene todo el aspecto de que se prologará en el tiempo. El hundimiento económico del país derivado del mismo supondrá décadas para reconstruirlo si algún día llega la paz. Las soluciones que proponen -poco viables reconocen- es la separación en dos estados federados, y que luego decidan si quieren seguir siendo Ucrania, o bien una ruptura pacífica en dos estados independientes. Sin embargo, pese a que a muchos países de Europa sí les convendría el fin del conflicto -entre ellos a España que ve como las sanciones impuestas repercuten casi más aquí que en Rusia-, las grandes potencias, Rusia y EEUU no están por la labor de ceder. Y la Unión Europea es un convidado de piedra, donde carece de voz propia: cada estado tiene sus propios intereses.

Los ucranianos de occidente creen aún que serán europeos con ayudas de 8000 € al mes si no tienen trabajo y empleadas de hogar porque tienen mitificada a una Unión Europea que, incapaz de rescatar a España, sería menos capaz de rescatar a un país de dimensiones y población similares, pero mucho más arrasado. Y según el conflicto prosiga y eso no se cumpla, probablemente sientan en sus carnes lo que están pasando en muchas regiones del este: zonas donde había 6.000.000 millones de personas, quedan 3 millones. De ellos la mitad son pensionistas. Y como son del este, el gobierno de Kiev no les paga las pensiones. Es decir, hay una situación de auténtica emergencia, típica del áfrica subsahariana, que los medios han ocultado sistemáticamente: centenares de miles de personas tienen que sobrevivir sin ingreso de ningún tipo; hay niños sin brazos ni piernas cuyas imágenes no salen en las noticias.

Publicado en: Tercera Información (19/06/2015)

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